Me gustaría poder ser claro y preciso en lo que empiezo a escribir para favorecer la posibilidad de su comprensión.
En una de las clases de mis talleres se planteó la cuestión de si el actor debe o no divertir a los espectadores.
Lo que tengo para decir es que divertir no es una acción actoral. Cuando un actor o actriz está viviendo una escena, acción es aquello que desde, el rol y su circunstancia, quiero o deseo dentro de los límites del escenario. La acción o "aquello que quiero" se traduce en pequeñas acciones físicas que responden a la sensibilidad y creatividad de cada artista. La acción es una guía para la construcción de las circunstancias del personaje, que me ayuda a saber "por dónde va la cosa".
Ejemplo: Néstor Vignale se acuesta, como todos los días de semana, y pone en hora su reloj despertador. A la mañana siguiente suena el despertador. Néstor Vignale lo apaga y se dispone a seguir en la cama. Su esposa,Marta, extrañada por la actitud de Néstor lo incita a levantarse, vestirse e ir a trabajar. Néstor sigue en la cama y pide el desayuno en la cama y, si se levanta, lo hace para hacer gimnasia y ducharse, pero no va a trabajar.
Así comienza "La fiaca", de Ricardo Talesnik. El ejemplo citado es de una obra en la que la acción se expresa de manera muy literal, pero me parece claro. Hay obras en las cuales la acción no está tan claramente expresada y es necesario descifrarla.
El teatro puede divertir o no, son elecciones y hay diversos lenguajes y objetivos en el Arte. Pero hay una condición que toda obra debe tener, a mi criterio, y que es que debe mantener la atención de los espectadores todo el tiempo que dure la función.
Para que el espectador mantenga la atención sobre lo que sucede en la escena debemos (Los actores) concentrarnos e interesarnos por cada cosa que el actor y el grupo o elenco realizan durante las clases, los ensayos y las funciones en el teatro.
Es muy difícil, instrumentalmente, "forzar" una actuación interesante o buena. Todo lo que viene por fuerza implica tensión, y la tensión instrumental es enemiga de la creación y la libertad expresiva.
Por eso empezamos por relajarnos. Y relajarse es detectar la ansiedad. La tensión no sólo es muscular. Generalmente el origen de la tensión es emocional. Suele tratarse de la somatización o reflejo físico de la emoción no expresada o reprimida.
A la emoción suele antecederla un hecho que la genera, un hecho cotidiano-cultural
(Entendiendo como cultura todo aquello que absorbemos a diario y que hace al ida y vuelta de la comunicación)
Por eso empezamos por relajarnos. Relajarse para una actriz y un actor es despertar los sentidos y enterarse de cuáles son las condiciones en las que se encuentra su
cuerpo-instrumento. Es, como objetivo, muy distinto de relajarse para dormir.
Para relajar despertando el sentir, muevo una zona de mi cuerpo en la que, previamente, detecté un foco de tensión. Muevo y observo... percibo... siento... y observo... Si lo hago de manera rápida y mecánica como un trámite, no siento, ergo: No me entero.
Es necesario e importante, para actuar, enterarse, despertar la curiosidad y el instinto de búsqueda. De búsqueda y curiosidad por saber, por vivenciar.
Un artista del teatro es, generalmente, un portavoz.
Las actrices y los actores deben estar preparados y entrenados para mostrar los cambios, conflictos y nuevos paradigmas que resuenan en la sociedad a través de su Arte.
Sólo cito algunos ejemplos:
Ibsen nos habló, en el año 1879, de la mujer que se independiza de un marido insensible que la trata como a un bien de su propiedad.
Sergio de Cecco y Armando Chulak nos hablaron de lo que puede pasar en un matrimonio cuando se descompone el televisor.
Roma Mahieu denunció la resonancia de la violencia gubernamental, social y familiar en los chicos, en su obra "Juegos a la hora de la siesta".
Gustavo Volpin - teatrovolpin@gmail.com
La presencia, sobre el escenario, de personas que piensan, se miran, se escuchan, reaccionan a esa escucha, crean, construyen y generan un acto teatral es un momento de comunión que nos permite suponer que la vida es más que aquello que atrapa nuestra atención en lo cotidiano.
Para llegar a esta comunión es necesario saber del aprendizaje, en el tiempo, que significa alcanzar en escena las alturas que van de lo primitivo, hasta las notas sutiles del Alma.
Shakespeare hablaba de unir la palabra a la acción, y la única forma de hacerlo es sometiendo nuestro ego a la sabiduría del sentir. Y, si el sentir no es sabio porque no está entrenado: Entrenémoslo, pues.
Porque "actuar" y vociferar en escena cualquiera puede hacerlo, ya que se lleva a cabo desde la obligación y participan en el "pregoneo" sólo las capas exteriores de nuestro caudal psico-físico-emocional.
Pero sentir y vivenciar, es otra cosa. Gustavo Volpin - teatrovolpin@gmail.com
Supongamos, por un instante, que se acaba la posibilidad de generar electricidad, y que todas los servicios que de ella dependen dejan de prestarse. No hay forma de refrigerar los alimentos, se acaba la iluminación nocturna por medio de lámparas -tal como la conocemos-, debemos lavar la ropa a mano, y ni hablar de celulares e internet.
Pero... ¡se acaba la vida?
Me atrevo a escribir que sólo así, muchas personas tomarían conciencia de la realidad de la vida. Siempre pienso, para mi mismo, que ojalá nunca necesite de un accidente o del sufrimiento de ningún ser querido para crecer.
¿O acaso jamás escucharon decir "Esta experiencia transformó mi vida"? Y generalmente se refieren a catástrofes, accidentes y pérdidas.
La toma de conciencia de Sí se desarrolla y se entrena en distintos espacios terapéuticos. Y conste que digo espacios terapéuticos, y no terapias. ¿Por qué hago esta aclaración? Porque lo terapéutico de una actividad artística, como el teatro, radica en la posibilidad de liberar y compartir el proceso creativo, sin "meter el dedo en la llaga".
Con los sueños se generan imágenes, y Freud lo sabía. Es posible que estas imágenes no sean, ni por asomo, lo que la mente inconsciente procesa, pero así y todo suelen ser un rico material para acercarse a la comprensión de Sí mismo y de las otras personas.
Ésto mismo sucede en el proceso creativo. Cuando un grupo plantea una situación para ser improvisada en el escenario, es probable que no dé en un punto neurálgico que permita extirpar los matices de su angustia existencial. Pero, el encaminarse a compartir su existencia con otras personas lleva a compartir y a reconocerse junto con otros. El teatro nos acerca a lo primitivo. Es como cuando en la tribu se reunían alrededor del fuego para compartir danzas, representaciones e historias...
Por eso pienso que es una suerte haber elegido una actividad que me acerca a lo básico de la condición humana. Básico como base, a partir de la cual se construye, no sólo teatro, sino también vida y vínculos. Gustavo Volpin - profesor. teatrovolpin@gmail.com
Muchas veces me pongo a escuchar el modo en que se habla en los medios y el lenguaje que se utiliza en publicidad, y me divierten las distintas combinaciones de palabras. Suelo imaginar textos teatrales, escenas e incluso obras escritas de esa manera y se me ocurre que se emparentarían al teatro del absurdo. Si leemos a Roberto Arlt, podemos ver en su teatro, cuentos y aguafuertes como este autor tomaba el lenguaje cotidiano y popular y le daba un sentido creativo y bello, construyendo relatos muy nuestros. Me gustaría citar un párrafo de un cuento de Rodolfo Walsh que ejemplifica esto a lo que me refiero:
"Ustedes no anden diciendo que lo conocieron al flaco Sanabria porque a mi me consta que no. El flaco empezó conmigo, y cuando dió el chicharrazo lo tuve escondido en casa. Ahora el hombre se paró y lo buscan hasta en Brasil.
Aqui Gonzalez se ha de acordar del tallercito que tuve en la calle Gaona. El flaco vivía a la vuelta con la madrina, una viejita chiflada que le daba de comer y le compraba los libros, porque la iba de estudiante.
Siempre le pregunté por qué estudiaba, y él decía que estas son chauchas, que los grandes chorros aprendieron en los libros. Asi que le metía a la aritmética y en las últimas manos del codillo sabía dónde estaba el cartaje." (Nada menos que un esctractode "Amar a Dios sobre todas las cosas", de Rodolfo Walsh). Gustavo Volpin -- teatrovolpin@gmail.com
El teatro debe ser puesto en un lugar de importancia, respecto de su función terapéutico-social.